El heredero natural de Darwin
Edward O. Wilson convirtió toda una vida entre hormigas en una teoría de todo el planeta vivo. En 1992 nombró al instituto de biodiversidad de Costa Rica el prototipo que el resto del mundo debería seguir.
La historia que Bert Hölldobler eligió contar cuando murió su colaborador más cercano sucedió en un pequeño parque de San José, la noche antes de un vuelo de regreso a Boston. Edward O. Wilson, ya cerca de los ochenta, vio un rastro de hormigas en la entrada del parque. Se puso de rodillas con un aspirador de vidrio y empezó a recolectar obreras a lo largo de la línea que habían trazado. Avanzó a gatas hacia el nido. Los visitantes del parque se quedaron mirando. Una pareja joven que se abrazaba se separó y se alejó. Llegó la policía, porque, en palabras de Hölldobler, la conducta de un anciano a gatas con un tubo en la boca era "tan sospechosa" que ameritaba una indagación. Al final de la noche Wilson había identificado seis o siete especies de Pheidole nuevas para la ciencia en este único parque municipal. Él y Hölldobler nunca llegaron al restaurante del que Wilson había hablado con superlativos en la boca todo el día.
Hölldobler colocó la escena al inicio del obituario de Wilson en PNAS en febrero de 2022, seis semanas después de la muerte de Wilson. Captura aquello que organizó toda su vida: una absorción total, casi infantil, en animales de dos milímetros. De esa absorción Wilson construyó una carrera sobre una sola apuesta: que si uno miraba con suficiente atención las cosas vivas más pequeñas, encontraría reglas que escalaban hasta el planeta entero. La apuesta rindió. Produjo la teoría que le dijo al mundo cuán grande debe ser una reserva natural, y la palabra, biodiversidad, que les dijo a los gobiernos qué había en juego dentro de ella. La misma apuesta produjo una herencia más oscura: la convicción de que la conducta social humana obedece a las mismas reglas evolutivas que la de una colonia de hormigas. Esa idea provocó el ataque más feroz de su carrera y, como su propio archivo revelaría después, lo llevó en privado a respaldar la ciencia de la diferencia racial. Costa Rica pertenece a la mitad constructiva de esa historia. Wilson no escribió sobre el país con frecuencia, y lo visitó pocas veces. Pero lo nombró, en letra impresa, el prototipo que el resto del mundo debería seguir, y el país construyó buena parte de lo que él solo teorizó.
El niño que miraba hacia abajo
Edward Osborne Wilson nació en Birmingham, Alabama, el 10 de junio de 1929, hijo único de un contador del gobierno federal con alcoholismo crónico y de una madre que se divorció cuando el niño tenía siete años. Ese mismo año, mientras el divorcio estaba pendiente, sus padres lo enviaron a vivir con una familia en Paradise Beach, Florida. Estaba pescando en la rompiente y sacó un pinfish. "Una de sus espinas me perforó la pupila del ojo derecho", escribió. El dolor era insoportable, pero no dejó de pescar y no le dijo a nadie, porque ansiaba quedarse al aire libre. Unos meses después la pupila derecha se le nubló con una catarata, y un cirujano en Pensacola le retiró el cristalino mientras alguien lo sujetaba y le goteaba éter en un cono de gasa sobre la cara. La llamó "una aterradora odisea del siglo diecinueve". Asistió a catorce escuelas en once años entre Alabama y el Panhandle de Florida.
Lo que quedó fue un ojo izquierdo con visión de 20/10 y sin percepción de profundidad. No podría ser el ornitólogo que había planeado ser; seguir un ave en vuelo exige visión estereoscópica, y una pérdida de audición en la adolescencia más tarde descartaría también la identificación por canto. El equipo con el que contaba estaba afinado para cosas pequeñas, lentas, cercanas. "La atención de mi ojo sobreviviente se volvió hacia el suelo", escribió. "En adelante celebraría las pequeñas cosas del mundo, los animales que se pueden tomar entre el pulgar y el índice y acercar para inspeccionarlos." En una ladera boscosa del Rock Creek Park de Washington arrancó la corteza de un tronco podrido y encontró hormigas citronela debajo, cortas, gordas, amarillas brillantes, con olor a limón. "¿Qué inframundo había vislumbrado un instante?", se preguntó. "¿Qué eventos extraños ocurrían en lo profundo del suelo?" Reparaba en mariposas y hormigas, escribió después, "más que otros niños, y me interesé en ellas automáticamente".
A los dieciocho pensaba especializarse en moscas. La escasez de alfileres entomológicos durante la guerra lo obligó a cambiar a hormigas, que podían guardarse en frascos de vidrio. Se carteó con Marion R. Smith, mirmecólogo del National Museum of Natural History, quien le sugirió que inventariara las hormigas de Alabama. El inventario produjo su primera contribución científica, el descubrimiento de la primera colonia de la hormiga de fuego importada en Estados Unidos, cerca del puerto de Mobile. Sacó un B.S. y un M.S. en la Universidad de Alabama, se trasladó a Harvard en 1951, y terminó un doctorado en 1955 sobre una revisión del género de hormigas Lasius. Permaneció en la facultad de Harvard los siguientes cuarenta y un años.
Las reglas que escalan
Wilson era, según su propio testimonio, un mal matemático. Como profesor titular a comienzos de sus treinta había aguantado dos años de cursos universitarios de matemáticas para remediar la deficiencia, con poco éxito, y más tarde llamó a los teóricos con los que trabajó su "prótesis intelectual". Tenía los elementos de una teoría de la biogeografía, las curvas de especies-área en sus archivos y su idea de un equilibrio de especies, pero no las matemáticas para ensamblarlos. Robert MacArthur, un ecólogo de Princeton apenas unos meses menor que él y un matemático talentoso con un profundo amor por las aves, las aportó. Los dos resolvieron una teoría cuantitativa de por qué las islas albergan las especies que albergan. El número de especies de una isla, propusieron, se asienta en el equilibrio entre dos curvas, una que cae y otra que sube. La inmigración de especies nuevas cae a medida que llegan más, porque cada vez menos de las que llegan son nuevas. La extinción sube a medida que hay más especies presentes, porque cada especie nueva es otra candidata a desaparecer localmente. Donde se cruzan las dos curvas está el número de especies que la isla puede sostener. Aumenta la distancia al área fuente, y la curva de inmigración baja. Reduce el área, y la curva de extinción sube. Cualquiera de los dos cambios baja el equilibrio.
Su ecuación especies-área, S = CAz, con z usualmente entre 0,20 y 0,35, convirtió esto en aritmética: reduce una isla a una décima parte de su área y pierdes cerca de la mitad de sus especies. MacArthur y Wilson publicaron un artículo preliminar en Evolution en 1963 y el libro completo, The Theory of Island Biogeography, con Princeton en 1967. Para ponerla a prueba, Wilson y su estudiante de doctorado Daniel Simberloff hicieron algo audaz. "Solo había una manera de resolver el problema", escribió Wilson. "¡Miniaturizar el sistema!" Contrataron a un fumigador, cubrieron con carpa seis pequeños islotes de mangle en los Cayos de Florida, los fumigaron para matar cada artrópodo, y observaron la recolonización. En 250 días los conteos de especies habían regresado, con la distancia al continente como predictor de la tasa. El primer capítulo del libro de 1967 mostraba una figura de cuatro paneles con la reducción del bosque del cantón de Cadiz, Wisconsin, entre 1831 y 1950, con el comentario de que los mismos principios se aplicaban "a hábitats naturales antes continuos que ahora son fragmentados por el avance de la civilización". Era una observación al pasar. Aún no sabían lo que habían escrito.
MacArthur no vivió para ver en qué se convertiría el resto del trabajo. Murió de cáncer renal en 1972 a los 42 años. La noche antes de su muerte, él y Wilson hablaron una hora por teléfono, Cambridge a Princeton, sobre el futuro de la ecología y los méritos de varios colegas, con la calma, escribió Wilson, de un hombre que tenía cien años por delante. Décadas después, al escribir un nuevo prólogo para la reedición de Princeton Landmarks, Wilson reconoció dónde había terminado el libro. "De una manera que MacArthur y yo no logramos apreciar", escribió, "el libro ha tenido un impacto mayor en la biología de la conservación". La fragmentación del hábitat era insularización. La figura del cantón de Cadiz se volvió canónica. El debate SLOSS sobre diseño de reservas (Único Grande o Varios Pequeños) corría sobre sus matemáticas. El Corredor Biológico Mesoamericano, los corredores biológicos que SINAC dibujaría después en el mapa de Costa Rica, el experimento de fragmentación que Tom Lovejoy realizaría en la Amazonía a partir de 1979: todo eso corría río abajo de dos curvas que se cruzaban en un artículo de 1963.
La nueva síntesis
En 1971 Wilson publicó The Insect Societies, una síntesis de todo lo que se sabía sobre hormigas, abejas, avispas y termitas, y la cerró con una propuesta: la misma lógica evolutiva que explicaba una colonia de hormigas podía extenderse a la conducta social de todos los animales. Cuatro años después cumplió la promesa. Sociobiology: The New Synthesis (1975) iba de los microbios a los mamíferos y definió una nueva disciplina, "el estudio sistemático de la base biológica de toda conducta social". Era una extensión del pensamiento darwiniano a la escala de la Síntesis Moderna de los años treinta. Durante veintiséis capítulos fue celebrado. El problema fue el vigésimo séptimo, sobre los humanos, que comenzaba pidiéndole al lector "considerar al hombre con el espíritu libre de la historia natural, como si fuéramos zoólogos de otro planeta completando un catálogo de las especies sociales de la Tierra". Bajo esa luz, escribió Wilson, las humanidades y las ciencias sociales "se reducen a ramas especializadas de la biología". Concibió el capítulo, admitió después, como "un catalizador dejado caer entre reactivos ya presentes y listos para combinarse".
La reacción se combinó. Quince científicos, docentes y estudiantes del área de Boston formaron el Sociobiology Study Group, aliado con la organización activista Science for the People. Dos de sus miembros más prominentes eran colegas del propio Wilson en el Museo de Zoología Comparada, Stephen Jay Gould y Richard Lewontin, cuya oficina quedaba justo debajo de la de Wilson. El 13 de noviembre de 1975 publicaron una carta abierta, "Against 'Sociobiology'", en The New York Review of Books. Acusaba que teorías como la de Wilson "tienden a ofrecer una justificación genética del statu quo", y las vinculaba a las antiguas leyes de esterilización estadounidenses "y también a las políticas eugenésicas que llevaron al establecimiento de las cámaras de gas en la Alemania nazi". Wilson, un liberal inscrito que creía estar escribiendo biología de poblaciones, quedó atónito. "Me habían tomado por sorpresa con el ataque", escribió. "En los palomares liberales de la Universidad de Harvard, un profesor reaccionario es como un ateo en un monasterio." Su defensa era que los genes explican apenas un diez por ciento de la conducta humana, el resto ambiental, y que describir una tendencia no es respaldarla.
La disputa se volvió física una vez. El 15 de febrero de 1978, en la reunión anual de la AAAS, Wilson estaba sentado en el escenario con una pierna enyesada cuando unos ocho manifestantes se abalanzaron sobre la tarima, una pancarta pintada con una esvástica. Una joven tomó una jarra de agua y se la vació sobre la cabeza mientras el grupo coreaba: "¡Wilson, estás todo mojado!" Describió su propia reacción como "tranquila, me atrevo a decir gélida, mientras dejaba que la rabia de los manifestantes me pasara por encima", y el episodio como "la única ocasión en la historia estadounidense reciente en que un científico fue atacado físicamente, por leve que fuera, simplemente por expresar una idea". Gould, desde el mismo escenario, condenó la interrupción, citando a Lenin sobre un "desorden infantil". Wilson sabía que quienes agitaban pancartas no eran su verdadero problema. "Eran los intelectuales adultos los que sabía que debían preocuparme", escribió. De Lewontin hablaba casi con admiración: "la única persona que podía hacer sudar a MacArthur", "predestinado al papel de contrario", "un intelectual que predicaba el cambio social desde el templo de la ciencia dura". De ese mismo período salió On Human Nature (1978), el volumen complementario y humano en el que Wilson argumentó que los genes sostienen a la cultura "con una correa". Ganó el Premio Pulitzer. El cargo de que su ciencia daba cobertura al racismo lo trató, por el resto de su vida pública, como una calumnia. Sus papeles privados complicarían eso.
La unidad del conocimiento
El impulso sintetizador no se detuvo en la conducta humana. Wilson había pasado la carrera creando un campo tras otro, la biogeografía de islas que construyó con MacArthur, la ecología química que abrió descifrando las feromonas de las hormigas con el matemático de Harvard William Bossert, la sociobiología que armó por su cuenta, y llegó a ver la fragmentación del conocimiento mismo como el siguiente problema por resolver. En Consilience: The Unity of Knowledge (1998) sostuvo que las ciencias naturales, las ciencias sociales y las humanidades acabarían descansando sobre una sola base compartida de explicación, con la biología en su fundamento. Tomó la palabra del filósofo victoriano William Whewell, que había definido la consiliencia como un "saltar juntos" del conocimiento a través de las disciplinas. La cultura, la ética y el arte no estaban exentas de explicación biológica, sostenía Wilson; estaban moldeadas por lo que llamó reglas epigenéticas, sesgos heredados en el modo en que se desarrolla la mente, y podían estudiarse como cualquier otra cosa de la naturaleza.
Era la afirmación más audaz de una carrera inusualmente audaz, y no todos la querían. Filósofos y científicos sociales leyeron Consilience como imperialismo biológico, el mismo cargo que había provocado la sociobiología, ahora dirigido a la cultura entera. Wilson no se inmutó. Había escrito, en On Human Nature, que "la épica evolutiva es probablemente el mejor mito que jamás tendremos", y lo decía como una fe operante, una sucesora secular del cristianismo bautista que había dejado atrás en Alabama. Este fue el trabajo que le ganó el nombre que lo acompañó hasta el final. The Guardian lo llamó el heredero natural de Darwin, y los obituarios lo repitieron. Por el camino había reunido la Medalla Nacional de Ciencia y el Premio Crafoord, que la Real Academia Sueca de las Ciencias creó para honrar las disciplinas que el Nobel deja fuera.
Las pequeñas cosas que mueven el mundo
A través de todo ello, las grandes síntesis y las peleas que desataban, el trabajo con hormigas nunca se detuvo, y fue lo más constante que hizo. En 1990 Wilson y Hölldobler publicaron The Ants, 732 páginas, que le valió a Wilson su segundo Pulitzer y sigue siendo la única obra ganadora del Pulitzer realizada por la ciencia profesional. Luego escaló lo que los taxónomos de hormigas habían llamado el Monte Everest de su disciplina, demasiado grande para intentarlo: el género Pheidole. La monografía de 2003, Pheidole in the New World, alcanzó 794 páginas, reconoció 624 especies en el Hemisferio Occidental y describió 337 de ellas nuevas para la ciencia, dieciséis años de trabajo a medio tiempo en su laboratorio doméstico, dibujando especímenes mientras escuchaba música clásica y rock suave. De las aproximadamente 450 especies de hormigas que Wilson describió en su carrera, 354 fueron Pheidole.
Costa Rica aportó una porción medible de esos nombres. Cuando Fernando Zara y Harold Fowler reseñaron la monografía en 2005 en la Revista de Biología Tropical de la UCR, calcularon que Costa Rica albergaba 113 de las 624 especies neotropicales de Pheidole, el 18,1 por ciento del total hemisférico, solo detrás de Brasil y México. Normalizado por área, Costa Rica quedó primera en el mundo, más Pheidole por unidad de tierra que en cualquier otro sitio de la Tierra. Los reseñistas atribuyeron el resultado, con sequedad, a "el alto esfuerzo de recolecta en Costa Rica y Panamá, dos países bien estudiados por Wilson". Los nombres cargan la geografía. Pheidole laselva Wilson 2003, localidad tipo Costa Rica, Heredia, La Selva, nombrada por la estación de campo donde fue recolectada. Pheidole texticeps, Pheidole iracunda, Pheidole browni, Pheidole boltoni, varias con holotipos a ocho kilómetros al norte del Volcán Barva a 1.830 metros. Pheidole nasutoides, la hormiga imitadora de termitas, descrita por Hölldobler y Wilson en Psyche en 1992 a partir de material costarricense, una especie que ha modelado su cuerpo para parecerse al soldado de una colonia de termitas, presumiblemente para caminar entre las galerías de termitas sin ser atacada.
El único viaje de campo a Costa Rica que Wilson narró en su autobiografía sucedió en 1985. "Manejamos hacia el norte desde San José hasta La Selva, la estación de campo de la Organización para Estudios Tropicales", escribió, y pasaron dos semanas trabajando con Prionopelta, una ponerina primitiva cuyas colonias nunca habían sido observadas en vida. El viaje mostró los temperamentos opuestos de los dos hombres. Cuando Hölldobler señaló unas motas de seda de capullo en una galería del nido, Wilson las descartó: "Nada, pura basura, respondí." Hölldobler insistió, "No, no, mira: las piezas están alineadas como una capa lisa en las paredes de la galería", y demostró que las hormigas usaban la seda como tapiz para controlar la humedad, una técnica desconocida en hormigas. Luego encontró la glándula en las patas traseras de las obreras que traza sus senderos de forrajeo. "De dos semanas de datos reunidos en el bosque de La Selva escribimos cinco artículos científicos", escribió Wilson. Llamó a Hölldobler "el hermano menor que nunca tuve" y "el científico más honesto que he conocido".
Costa Rica no siempre fue generosa con él. En The Creation (2006), Wilson recordaba cuatro días "recorriendo un bosque lluvioso costarricense" en busca de Thaumatomyrmex, la "hormiga maravillosa" cuyas mandíbulas parecen un trinche y que es, escribió, de las hormigas más raras del mundo. Quería saber para qué servían las mandíbulas. "Frustrado y deprimido, no encontré una sola obrera." Voló a casa y publicó un llamado en Notes from Underground, el boletín de los biólogos de hormigas, listando las cosas que quería conocer antes, como dijo, de subir a aquel Gran Bosque Lluvioso del Cielo. Dos jóvenes entomólogos brasileños dieron la respuesta, confirmada después por un colega alemán: Thaumatomyrmex caza diplópodos polyxénidos, pasando las púas de sus mandíbulas a través de las cerdas defensivas del milpiés para perforar el cuerpo. Eran, escribió Wilson, "cazadoras de puercoespines". La anécdota es su propia broma a costa suya. Incluso Wilson, cuatro días en el terreno, regresó sin nada.
Biofilia y la palabra para la pérdida
Si la sociobiología era la mitad peligrosa de la afirmación de Wilson de que los humanos son animales, la biofilia era su mitad tierna. Biophilia (1984) definió una palabra que él había acuñado para "la tendencia innata a centrarse en la vida y en los procesos semejantes a la vida", la idea de que los humanos llevamos una afinidad heredada por el mundo vivo porque evolucionamos dentro de él. El libro no abre en Costa Rica sino en Surinam, el 12 de marzo de 1961, con el joven Wilson de pie en una aldea arawak mirando al sur sobre el bosque y trazando una sola cadena de vida: "Del sol a la hoja a la oruga a la hormiga al oso hormiguero al jaguar al gusano al humus a la termita al calor disipado." De la biofilia extrajo una ética de conservación arraigada en la biología más que en el sentimiento, y cerró el libro con una pregunta que se volvió el hilo conductor del resto de su vida: "¿Es posible que la humanidad ame la vida lo suficiente para salvarla?"
La palabra que llevó esa ética a la política llegó al año siguiente, y no fue de Wilson. En 1985 Walter G. Rosen, de la Academia Nacional de Ciencias, escribió "biodiversity" en un memorando mientras planeaba una conferencia. El National Forum on BioDiversity ocurrió en Washington del 21 al 24 de septiembre de 1986, y Wilson dio el discurso inaugural. Editó las actas en un volumen de 521 páginas, BioDiversity (1988), el primer libro en poner la palabra en su título; la abreviación periodística pegó su nombre al término de manera permanente, y todavía se le llama con soltura el padre de la biodiversidad, aunque él siempre reconoció a Rosen. En 1987, en la apertura de la exposición sobre invertebrados del National Zoo, acuñó la frase que resumía el tema de su vida: "las pequeñas cosas que mueven el mundo". Si los humanos desaparecieran, dijo, el planeta sanaría; "pero si los invertebrados desaparecieran, dudo que la especie humana pudiera durar más que unos pocos meses".
Costa Rica entró al volumen de Wilson de 1988 principalmente por la vía de Daniel Janzen. El capítulo 14, "Tropical Dry Forests: The Most Endangered Major Tropical Ecosystem", argumentaba que el bosque seco, más que el bosque lluvioso, era el más amenazado de los grandes tipos de bosque tropical; solo sobrevivía cerca del dos por ciento de la cobertura mesoamericana original. Janzen anclaba el capítulo en el Parque Nacional Santa Rosa, de 11.000 hectáreas, en Guanacaste, donde estimó 13.000 especies de insectos y 175 aves nidificantes, y agradeció a Álvaro Ugalde por su nombre por la ayuda con el manuscrito. Su frase de cierre: "El pueblo de Costa Rica me ha inspirado a creer que aún hay una oportunidad." El capítulo inicial del propio Wilson estimó 76.000 kilómetros cuadrados de bosque tropical perdidos cada año, "mayor que el área de West Virginia o el país entero de Costa Rica", y una tasa de extinción de unas 17.500 especies al año, entre mil y diez mil veces el ritmo de fondo prehumano.
El prototipo en San José
En 1992 Wilson publicó The Diversity of Life, el libro que reunió su argumento de conservación en un solo lugar. Su premisa era que un país posee una tercera forma de riqueza, tan real como la material y la cultural, y mucho más desatendida.
Tres páginas después nombró el ejemplo operativo. El Instituto Nacional de Biodiversidad de Costa Rica, INBio, fundado en las afueras de San José en 1989, era, escribió, el prototipo: "quizás es extraño que una nación en desarrollo lidere el camino en una empresa científica tan concertada, pero otros seguirán".
La única aparición pública de Wilson con fecha anclada en Costa Rica ocurrió en agosto de 2007. El miércoles 22, a las dos de la tarde, estaba en el atril del auditorio de la Ciudad de la Investigación de la Universidad de Costa Rica para dar la conferencia inaugural de la Cátedra Rafael Lucas Rodríguez Caballero, la serie nombrada en honor al botánico de la UCR que había cofundado la Organización para Estudios Tropicales en 1963. La ocasión era el quincuagésimo aniversario de la Escuela de Biología de la UCR; el título era "La biodiversidad y las tres dimensiones del futuro de la biología". La oficina de noticias de la UCR reportó que le dijo al público que la mitad de todas las especies de la Tierra podría perderse para fines de siglo, y singularizó el esfuerzo de conservación de Costa Rica. El país, dijo, "se ha convertido en líder tanto en filosofía como en práctica", y los costarricenses "pueden sentirse orgullosos de poner el ejemplo, incluso para países industrializados". Citó una especie costarricense extinta, una rana roja que dijo había existido durante casi un millón de años, probablemente el sapo de Holdridge, Incilius holdridgei, o una de las ranas arlequín del género Atelopus que desaparecieron de los bosques nubosos del país durante la epidemia de quítrido en los años ochenta y noventa.
La tarde siguiente, jueves 23 de agosto, a las cuatro de la tarde en el auditorio de la Facultad de Educación, Wilson se sentó a una mesa larga para una mesa redonda sobre "El futuro de la biodiversidad en Costa Rica". Cuatro biólogos y formuladores de política costarricenses se sentaron con él: Pedro León Azofeifa, entonces coordinador de la Iniciativa Paz con la Naturaleza del presidente Óscar Arias; Jorge Lobo, de la Escuela de Biología de la UCR; Rodrigo Gámez, director del INBio; y Álvaro Ugalde, director del Área de Conservación Osa. La mesa redonda se daba en un momento político particular: la iniciativa Paz con la Naturaleza de Arias se había lanzado apenas semanas antes, comprometiendo a Costa Rica a convertirse en el primer país en desarrollo en prometer la neutralidad de carbono. Los hombres en la mesa dirigían buena parte del aparato que Wilson había pasado una carrera teorizando, el instituto de inventario, las áreas de conservación, el compromiso climático nacional.
De los cinco hombres en aquel salón, tres están muertos ya. Ugalde murió en febrero de 2015 en un accidente de carretera en la Península de Osa. Wilson murió en Burlington, Massachusetts, el 26 de diciembre de 2021, cuatro meses y medio después que su esposa Irene. Gámez murió en 2025. El encuentro directo más documentado entre Wilson y la cúpula de la conservación costarricense no dejó transcripción ni video que esta investigación haya localizado, solo dos artículos de UCR News y la memoria de los biólogos en el auditorio. La anécdota del parque josefino que Hölldobler eligió para el obituario casi con certeza pertenece a este viaje; es la única visita con fecha anclada lo suficientemente tardía como para que la policía leyera a Wilson como un anciano. Hölldobler nunca dio el año, solo la escena.
Mitad de Tierra
La síntesis tardía de Wilson empezó con The Future of Life (2002), que abre como una carta a Henry David Thoreau y expone el marco que llamó HIPPO, los motores de la extinción en orden de gravedad: pérdida de hábitat, especies invasoras, polución, población, sobreexplotación. Distinguía una "economía natural", los servicios gratuitos de los ecosistemas vivos, de la "economía de mercado" que los ignora. El argumento culminó en Half-Earth: Our Planet's Fight for Life (2016), que tomó la matemática especies-área de 1967 y la aplicó al planeta mismo. Proteger la mitad de la superficie terrestre, argumentó Wilson, mediante parques, reservas, zonas marinas y corredores encadenados, nunca un único bloque silvestre continuo, "estabilizaría más del 80 por ciento de las especies". Cualquier cifra menor deslizaba al planeta hacia lo que llamó el Eremoceno, "la Edad de la Soledad … básicamente la edad de la gente, de nuestras plantas y animales domesticados y de nuestros cultivos por todo el mundo hasta donde alcanza la vista".
Para entonces Costa Rica se había convertido en una de las demostraciones nacionales más cercanas a la propuesta. El país había alcanzado cerca del 31 por ciento de cobertura terrestre protegida, muy por encima de la línea base global del 15 por ciento que Wilson citó para 2015, y copresidió la High Ambition Coalition que negoció el objetivo global 30x30, con Half-Earth como su antecedente intelectual reconocido. El propio libro de Wilson nombra al país una sola vez, al pasar. Costa Rica había construido en silencio buena parte de lo que él proponía.
Se mantuvo combativo hasta el final, incluso consigo mismo. Durante casi toda su vida Wilson había explicado el autosacrificio de las hormigas obreras por la selección de parentesco, la idea de que un animal preserva sus genes ayudando a parientes cercanos. En 2010, a los 81 años, coescribió un artículo en Nature con Martin Nowak y Corina Tarnita que rechazaba la primacía de la selección de parentesco y volvía a abrazar la selección de grupo, y construyó The Social Conquest of Earth (2012) en torno a ella: "los individuos egoístas vencen a los individuos altruistas, mientras que los grupos de altruistas vencen a los grupos de egoístas". Buena parte del campo, incluido Richard Dawkins, rechazó el giro; Dawkins llamó al libro imposible de recomendar, y Wilson lo descartó como "un periodista". La pelea era una versión menor de la que venía teniendo desde 1975, sobre cuán lejos llega la evolución dentro de la vida social. Nunca dejó de insistir en que llega hasta el final.
El último refugio
Wilson donó sus papeles personales a la Biblioteca del Congreso en entregas escalonadas entre 1990 y 2015, 95.000 documentos en 284 cajas archivísticas, 120 pies lineales, más 975 archivos digitales. Los materiales van de 1931 a 2015, con la mayor concentración entre 1950 y 2007. El índice de corresponsales nombrados se lee como una nómina de la biología del siglo veinte: William L. Brown, su mentor en Harvard; Robert MacArthur; Daniel Janzen; Thomas Lovejoy; Ernst Mayr; Robert Trivers; Stephen Jay Gould. Los donó por petición de la Biblioteca y parece no haberlos considerado nunca otra cosa que material histórico abierto. Tenía razón en que eran históricos. Puede que no haya calculado qué más había en ellos.
Entre ellos hay cuatro carpetas rotuladas "Rushton, John Philippe". Stacy Farina, de la Universidad Howard, y Matthew Gibbons, que venían revisando los papeles de Wilson desde septiembre de 2021, leyeron esas carpetas y publicaron "'The Last Refuge of Scoundrels': New Evidence of E. O. Wilson's Intimacy with Scientific Racism" en Science for the People en febrero de 2022, semanas después de la muerte de Wilson. El artículo documentaba, con reproducciones fotográficas de cartas mecanografiadas, que en 1986 Wilson había patrocinado un artículo de J. Philippe Rushton en las Proceedings of the National Academy of Sciences después de una revisión dividida, un revisor fuertemente favorable y otro fuertemente negativo. En una carta de 1987 declinando patrocinar un artículo de seguimiento sobre diferencias raciales, Wilson escribió que tenía "aquí un par de colegas, Gould y Lewontin, que usarían cualquier excusa para volver a levantar el cargo", y que era "la persona equivocada para patrocinar el artículo, aunque con gusto lo arbitraría para otro miembro menos vulnerable de la National Academy". En una carta de 1990 en defensa del ascenso de Rushton en la University of Western Ontario, Wilson escribió: "la respuesta es el miedo a ser llamado racista, que es virtualmente una sentencia de muerte en la academia estadounidense si se toma en serio. Reconozco que yo mismo he tendido a evitar el tema del trabajo de Rushton por miedo". Y a su colega de Harvard Bernard Davis le escribió sobre "nuestros antirracistas favoritos de la Izquierda" y que "el antirracismo es el último refugio de los canallas". El archivo también contiene correspondencia con Arthur Jensen y Richard Herrnstein.
La forma del asunto es lo importante. En 1975 Gould y Lewontin habían sostenido, en público, que la biología de la conducta humana de Wilson daría cobertura al racismo, y Wilson había pasado décadas tratando el cargo como una calumnia política que nunca se había ganado. Las carpetas muestran que en esos mismos años, en privado, daba en silencio exactamente esa cobertura, exactamente a las personas que sus críticos temían, mientras nombraba a Gould y a Lewontin como la razón por la que debía hacerlo con discreción. Wilson nunca abordó el tema de la raza en su trabajo científico publicado; el apoyo privado quedó en el archivo, el ajuste de cuentas público fue póstumo. En abril de 2022 la Junta de la E.O. Wilson Biodiversity Foundation emitió un comunicado que rechazaba "el apoyo del profesor Wilson a Rushton", calificaba la correspondencia de "hiriente y dañina" y se comprometía a trabajos de diversidad, equidad e inclusión. El ajuste de cuentas es real, y debe cargarse junto al legado de conservación.
Lo que valían las pequeñas cosas
Wilson murió a los noventa y dos. El obituario de Hölldobler en PNAS dio el recuento de especies nombradas sin adornos y siguió adelante. Las cosas pequeñas a las que había dedicado setenta años eran las mismas que le habían dado un modo de mirar que escalaba hacia arriba: desde una obrera de Pheidole arrastrando una glándula de feromonas de las patas traseras por un sendero del suelo del bosque hasta la ecuación especies-área que explicaba por qué había que proteger la mitad del planeta si el resto iba a conservar sus especies. Era un solo método, ejecutado en cada magnitud. Le dio la biogeografía de islas, la sociobiología, la biofilia, Mitad de Tierra. También le dio la certeza ciega de que las reglas que hallaba en la naturaleza atravesaban limpiamente a los seres humanos, que es la certeza que las carpetas de Rushton registran en su peor versión.
Lo que dejó a la conservación fue más grande que los nombres. Llevó la palabra biodiversidad de una conferencia de 1986 al lenguaje de los gobiernos, ayudó a fundar la biología de la conservación como disciplina, y pasó sus últimas décadas insistiendo en que las pequeñas cosas mueven el mundo y en que la riqueza biológica de una nación es tan real como su riqueza material y cultural. Sobre todo, le dio al movimiento su pieza central de aritmética: protege suficiente del área del planeta y la mayoría de sus especies persiste; deja que el área se encoja y las especies caen tras ella. Esa regla la había encontrado en el ir y venir de las hormigas en las islas. La escaló a la Tierra, llamó al objetivo Mitad de Tierra, y vivió para ver a su descendiente más cercano y negociado, el compromiso global de proteger el treinta por ciento de la tierra y el mar para 2030.
Las personas que convirtieron esas ideas en instituciones funcionales no estaban, en su mayoría, en Cambridge. En Costa Rica, Daniel Janzen hizo rebrotar un parque nacional a partir de potreros, Rodrigo Gámez construyó el instituto de inventario que Wilson había llamado el prototipo, y Mario Boza y Álvaro Ugalde defendieron un sistema de parques durante cuarenta años. Wilson aportó la teoría y las palabras; otros aportaron el terreno. Lo que valían las pequeñas cosas, al final, fue un modo de ver que empezó con un niño volviendo un solo ojo arruinado hacia la tierra y terminó con el argumento de mantener viva la mitad del planeta.
Referencias y lecturas adicionales
Libros principales de Wilson
El texto fundacional sobre relaciones especies-área y dinámica de islas de hábitat. El prólogo de Wilson de 1999 reconoce el papel involuntario del libro en la biología de la conservación.
El libro que fundó la sociobiología y desató la controversia de una década. Fuente de la definición de la disciplina y del encuadre del capítulo 27, "zoólogos de otro planeta".
El complemento humano de Sociobiology y el primer Pulitzer de Wilson (1979). Fuente de la fórmula "los genes sostienen a la cultura con una correa".
Define la biofilia, "la tendencia innata a centrarse en la vida y en los procesos semejantes a la vida", y abre con la escena del bosque lluvioso de Surinam de 1961. También es la fuente del relato de Wilson sobre su última conversación con Robert MacArthur.
Actas del Foro Nacional sobre BioDiversidad de septiembre de 1986. El primer libro en usar "biodiversidad" en su título; el capítulo 14 de Daniel Janzen sobre Santa Rosa es el hilo costarricense del volumen.
El libro de Wilson más esencial para la relación con Costa Rica. Contiene el pasaje de las "tres formas de riqueza" (p. 311), el pasaje "INBio es el prototipo" (p. 314), el relato del acuerdo INBio-Merck (p. 320) y la descripción del Parque Nacional Guanacaste (p. 339).
Autobiografía de Wilson. Fuente de la lesión ocular, las hormigas citronela, las guerras de la sociobiología y el incidente de la jarra de agua en la AAAS de 1978, y el viaje de campo a La Selva con Hölldobler en 1985.
El argumento de Wilson de que las ciencias, las ciencias sociales y las humanidades acabarán unificándose sobre una base común de explicación fundada en la biología. La expresión más completa de la ambición sintetizadora que le valió el epíteto de "heredero natural de Darwin".
El marco HIPPO, el argumento de economía natural contra economía de mercado, y el segundo relato extendido de Wilson sobre el acuerdo de bioprospección INBio-Merck de 1991.
Dieciséis años de taxonomía revisionaria que arrojaron 624 especies de Pheidole del Nuevo Mundo, 337 nuevas para la ciencia. Costa Rica alberga aproximadamente 113 de ellas.
Una carta abierta a un pastor bautista que propone que la ciencia y la religión se unan para salvar el mundo natural. Fuente de la búsqueda de cuatro días de Thaumatomyrmex en un bosque lluvioso costarricense.
El tardío reabrazo de Wilson a la selección de grupo por encima de la selección de parentesco, base de su disputa pública con Richard Dawkins.
La tesis de la etapa tardía de Wilson: separar la mitad de la Tierra para el resto de la vida, con la ecuación especies-área como columna analítica. Define el Eremoceno, la Edad de la Soledad.
La controversia de la sociobiología y el archivo Rushton
La carta abierta del Sociobiology Study Group que acusaba al trabajo de Wilson de ofrecer una justificación genética del statu quo y lo vinculaba con la eugenesia.
Investigación archivística basada en cuatro carpetas rotuladas "Rushton, John Philippe" en los papeles de Wilson en la Biblioteca del Congreso. Reproduce las cartas de 1987, 1990 y la carta a Davis discutidas en el artículo.
Declaración de la Junta de la Fundación rechazando el apoyo de Wilson a Rushton y comprometiendo a la Fundación a trabajos de diversidad, equidad e inclusión.
Obituarios y tributos
El principal obituario científico de Wilson, escrito por su colaborador más cercano. Abre con la anécdota de las Pheidole en el parque josefino y narra sus viajes de investigación conjuntos a Costa Rica.
El obituario del NYT que cubre la vida de Wilson, la controversia sobre la sociobiología, su defensa de la biodiversidad y la propuesta tardía de Mitad de Tierra.
El obituario de Wilson en Nature documentando el arco de su carrera desde la taxonomía de hormigas hasta la política global de conservación.
Obituario de National Geographic que recoge la entrevista de 2019 en la que Wilson dijo: "Creo que estamos al borde de una nueva era, en la que el valor se extiende a salvar al resto de la naturaleza".
El registro costarricense
Anuncio de la UCR sobre la conferencia magistral de Wilson del 22 de agosto de 2007 y la mesa redonda del 23 de agosto. Enumera a los panelistas Pedro León, Jorge Lobo, Rodrigo Gámez y Álvaro Ugalde.
Cobertura posterior al evento por parte de la UCR. Fuente de la cita de Wilson "Costa Rica se ha convertido en líder tanto en filosofía como en práctica" y de la mención a la rana roja extinta.
La retrospectiva costarricense definitiva sobre INBio. Cita The Diversity of Life dos veces y le devuelve a Wilson su propio encuadre de "prototipo"; documenta el traspaso de las colecciones en 2015.
La revista costarricense de biología tropical más reconocida reseñando la monografía sobre Pheidole de Wilson. Fuente del conteo de especies costarricenses (113 de 624 del Nuevo Mundo) y del primer puesto mundial por unidad de área.
El compromiso académico costarricense más temprano documentado con el encuadre de biodiversidad de Wilson, publicado el mismo año que el volumen reseñado.
La historia institucional de la OET, incluida su fundación en 1963 por Rafael Lucas Rodríguez Caballero y Jay M. Savage. Wilson queda registrado dentro del círculo fundador más amplio de Harvard.
La descripción de 1992 de una de las especies más llamativas de Pheidole que Wilson nombró a partir de material costarricense.
Organizaciones y archivos
El panorama del Half-Earth Project a escala nacional para Costa Rica, ubicando al país en aproximadamente 31% de cobertura terrestre protegida.
La estación de la OET en Sarapiquí, Heredia, donde Wilson y Hölldobler pasaron dos semanas en 1985 con Prionopelta, y donde se recolectaron muchas de las especies de Pheidole con localidad tipo costarricense en la monografía de Wilson de 2003.
El instrumento de descripción del archivo completo de los papeles personales de Wilson: 95.000 documentos, 284 cajas, 120 pies lineales, fechas de 1931 a 2015. Incluye índices de corresponsales nombrados y de temas.
Perfiles relacionados de Coalición Floresta
El ecólogo estadounidense que se convirtió en el principal colaborador intelectual de Wilson del lado costarricense: capítulo 14 de Wilson 1988, el Inventario de Biodiversidad de Todos los Taxones en el ACG, y la carpeta de correspondencia con Janzen en el archivo de Wilson en la Biblioteca del Congreso.
El director fundador del INBio, la institución que Wilson nombró "el prototipo". Coautor de la retrospectiva de 2024; el panelista costarricense de mayor rango en la mesa redonda de la UCR en 2007.
El cofundador del sistema de parques nacionales de Costa Rica. Reconocido por nombre en el capítulo de 1988 de Janzen en BioDiversity; uno de los cuatro panelistas costarricenses en la mesa redonda de Wilson en la UCR en 2007.
Contemporáneo de Wilson; copopularizador de "diversidad biológica"; corresponsal nombrado en los papeles de Wilson en la Biblioteca del Congreso; diseñador del experimento de fragmentación BDFFP que puso a prueba empíricamente a MacArthur y Wilson 1967.
El primer director del Departamento de Parques Nacionales de Costa Rica (1970), y posteriormente director del proyecto del Corredor Biológico Mesoamericano.
Primer ministro de ambiente de Costa Rica; arquitecto del primer marco de pagos por servicios ambientales que orientó la política nacional hacia la tesis de Wilson de "hacer rentable la conservación".
Tres veces ministro de ambiente y director del Fondo para el Medio Ambiente Mundial; constructor de buena parte de la maquinaria financiera que mantuvo financiadas las áreas protegidas de Costa Rica.
El botánico suizo cuya labor cartográfica iniciada en 1887 comenzó la catalogación científica de la biota costarricense que las instituciones posteriores del país prolongaron hasta el vocabulario de biodiversidad de la era Wilson.