El observador paciente
Alexander Skutch pasó sesenta y tres años en una finca remota de Costa Rica observando aves, y produjo el mayor acervo de información sobre historia natural jamás recopilado por un solo observador.
En algún momento entre finales de 1928 e inicios de 1929, un joven botánico de veinticuatro años estaba sentado ante un microscopio en un laboratorio junto a la laguna de Changuinola, en la costa caribeña de Panamá. Alexander Skutch había terminado recientemente su doctorado en la Universidad Johns Hopkins y estudiaba enfermedades de la planta de banano para la United Fruit Company. Fuera de la ventana del laboratorio, un colibrí colirrufo había construido su diminuto nido. Su atención, como escribiría después, "se elevaba repetidamente del microscopio al colibrí colirrufo". Para marzo y abril, las aves anidaban por todo el jardín, y el microscopio quedó olvidado. Comenzó a escribir lo que sería su primer artículo ornitológico.
Ese momento de distracción se convirtió en una carrera que abarcó siete décadas. Desde las plantaciones bananeras de Panamá, Skutch pasaría a estudiar las historias de vida de aproximadamente trescientas especies de aves tropicales, publicar más de doscientos artículos científicos y más de cuarenta libros, y pasar sesenta y tres años en una sola finca del sur de Costa Rica observando, escribiendo y pensando. Nunca ocupó un puesto universitario. Nunca recolectó un espécimen de ave. Nunca anilló un ave. Reconocía aves individuales de la misma especie por variaciones en su plumaje y las observaba, temporada tras temporada, con una paciencia que asombraba incluso a sus colegas. F. Gary Stiles, quien colaboró con Skutch en la guía de campo fundamental de las aves de Costa Rica, calificó su producción como "el mayor acervo de información sobre historia natural jamás recopilado por un solo observador".
Dos voces imperativas
Alexander Frank Skutch nació el 20 de mayo de 1904 en Baltimore, Maryland, el mayor de cuatro hijos de una familia judía. Su padre, Robert Frank Skutch, era un anticuario cuyo negocio terminó fracasando, y la casa familiar se perdió en una subasta. La crisis financiera marcó profundamente al hijo: Skutch viviría toda su vida adulta en una austeridad libre de deudas, desconfiado de la acumulación material y comprometido con la autosuficiencia.
Pasó gran parte de su infancia en una granja de las colinas de Maryland, donde se inició en el estudio de la naturaleza, según señaló su obituarista, "sin pasar por la etapa de recolectar huevos tan característica de los naturalistas en ciernes" de su generación. De niño tenía palomas como mascotas. Absorbió el amor de su padre por los libros y leyó ampliamente sobre historia, literatura y filosofía durante sus años de estudiante. La poesía de Percy Bysshe Shelley despertó tanto su interés por las aves como una convicción moral que marcaría toda su vida: leyendo a Shelley, y luego estudiando religiones de la India en la universidad, adoptó el vegetarianismo y el concepto jainista de ahimsa, el principio de no violencia hacia todos los seres vivos.
En Johns Hopkins, Skutch encontró a su mentor en Duncan S. Johnson, un profesor de botánica que lo llevó en excursiones a la costa de Maine y, en el verano de 1926, a Jamaica, donde el viaje fue financiado por la United Fruit Company. Fue el primer encuentro de Skutch con la naturaleza tropical, y lo transformó. Se comprometió a estudiar la anatomía foliar de la planta de banano para su tesis doctoral y recibió su doctorado en 1928. Sin embargo, ya en Hopkins había ocurrido un episodio revelador: una visita a una estación de anillamiento de aves lo "alejó" de la ornitología durante años. Ver aves sometidas a la indignidad de ser manipuladas y atrapadas lo repelió profundamente. Esa aversión nunca lo abandonó. A lo largo de toda su carrera, se negaría a anillar o recolectar aves, argumentando que se podía obtener mejor información observándolas vivas y sin ser perturbadas.
En el prólogo de su autobiografía, The Imperative Call, Skutch escribió que "dos voces llaman a los hombres con un llamado tan imperativo que pocos que lo escuchan pueden resistir". Se refería a la religión y la naturaleza. Sospechaba que podrían ser la misma voz, "llamándonos en diferentes tonos a liberar nuestro espíritu de la mezquindad cotidiana". El título de aquel libro, publicado en 1979 cuando Skutch tenía setenta y cinco años, capturaba lo que había gobernado su vida desde el colibrí en la ventana: una compulsión hacia el mundo vivo que no podía resistirse ni posponerse.
Nidificación desconocida
Después de que el colibrí desviara su atención en Panamá, Skutch regresó a los Estados Unidos y fue a las bibliotecas. Abrió la obra de múltiples volúmenes de Robert Ridgway, The Birds of North and Middle America, la referencia taxonómica estándar de la época, y comenzó a leer las descripciones de las especies. Lo que encontró lo dejó atónito. Género tras género llevaba la misma anotación: "Nidificación desconocida" (la nidificación es el proceso de construir un nido y criar a las crías). Los ornitólogos habían pasado décadas describiendo y clasificando las pieles y plumas de las aves neotropicales, nombrando especies y subespecies con gran precisión, pero nadie había observado cómo vivían realmente. Sus hábitos de anidación, comportamiento reproductivo, dieta, estructuras sociales, vocalizaciones en contexto, cuidado parental: todo era una página en blanco. Skutch se propuso llenarla.
El problema era el dinero. Estaban a principios de los años treinta, en lo más profundo de la Gran Depresión, y la mayor parte del trabajo de campo ornitológico era financiado por museos interesados en especímenes. Skutch quería estudiar aves vivas, lo que significaba que no podía dispararles para las instituciones dispuestas a pagar. Descubrió una solución ingeniosa: podía vender especímenes botánicos en su lugar. Su amigo el Dr. William R. Maxon, pteridólogo y curador de la División de Plantas del Smithsonian, consiguió que media docena de museos y jardines botánicos de Estados Unidos y Europa compraran conjuntos duplicados de plantas tropicales que Skutch recolectaba y que los colegas de Maxon identificaban. Durante los siguientes siete años, Skutch recorrió Centroamérica como recolector de plantas y observador de aves a la vez, financiando el trabajo que amaba con el trabajo que podía vender.
Usó sus ahorros personales para dos largas visitas a Guatemala: primero al valle del Motagua, luego a las tierras altas occidentales, donde vivió un año entero entre bosques de pinos y robles a más de dos mil cuatrocientos metros de altitud. Visitó la estación de campo en la isla de Barro Colorado en Panamá, donde conoció a Frank Chapman, curador de aves del Museo Americano de Historia Natural, cuyos estudios sobre historias de vida influyeron en su propio trabajo, aunque Skutch seguía siendo, como señaló su obituarista, "totalmente contrario a la recolección científica de aves". Pasó tiempo en la estación de investigación de Lancetilla, en el norte de Honduras, donde su interés por el comportamiento de las aves se profundizaba con cada temporada de anidación.
En 1935, un descubrimiento decisivo. Mientras observaba urracas pardas, Skutch notó algo que la literatura ornitológica no había descrito: aves adultas que no eran ni padres ni parejas estaban asistiendo en los nidos, alimentando polluelos y atendiendo a crías que no eran su propia descendencia. Publicó sus observaciones en The Auk bajo el título "Helpers at the Nest", acuñando un término que se convertiría en pieza fundamental de la ecología conductual de las aves. El concepto de reproducción cooperativa, elaborado por Skutch durante los siguientes cincuenta años, abrió un campo de investigación que sigue generando estudios hasta el día de hoy. Posteriormente refinó su definición de ayudante como "un ave que asiste en la anidación de un individuo que no es su pareja, o alimenta o atiende de otra manera a un ave de cualquier edad que no es ni su pareja ni su descendencia dependiente".
Ese mismo año, en noviembre de 1935, Skutch llegó a Costa Rica, bajándose de un pequeño tranvía en San José con una mochila al hombro. La recolección de plantas seguía siendo su profesión, y durante sus años de peregrinaje descubrió aproximadamente cincuenta especies de plantas nuevas para la ciencia, muchas de las cuales hoy llevan el epíteto skutchii. Un encuentro afortunado con el director del Arnold Arboretum de Harvard le había proporcionado pasaje y un contrato para regresar a Centroamérica.
En 1937, una beca del Fondo Chapman del Museo Americano de Historia Natural envió a Skutch a los bosques nubosos cerca de Vara Blanca, en las laderas del volcán Poás, para estudiar al quetzal resplandeciente. Pasó casi un año viviendo solo en las remotas tierras altas, observando la anidación de los quetzales. Su investigación estableció que machos y hembras comparten las tareas de anidación de manera bastante equitativa, un hallazgo inesperado para una especie con un plumaje masculino tan extravagante. Documentó su uso de agujeros de pájaros carpinteros modificados en árboles muertos y su dependencia de un puñado de árboles de la familia Lauraceae. El artículo resultante, "Life History of the Quetzal", publicado en The Condor en 1944, se convirtió en un hito de la ornitología tropical.
Una finca en la selva
Skutch vio la tierra por primera vez desde un alto risco que daba al río Peñas Blancas, en la localidad llamada El Quizarrá, en el Valle de El General, al sur de Costa Rica. Viajaba con un amigo llamado Don Juan, quien le mostraba un sendero recién abierto a través del bosque. La propiedad pertenecía a Francisco Mora, conocido universalmente como Don Chico, descrito por Skutch como "un espíritu inquieto que no podía permanecer mucho tiempo en un solo lugar", un hombre que hacía fincas en tierras baldías solo para venderlas después de unos años. El 22 de marzo de 1941, Skutch firmó un contrato en la oficina de un abogado visitante en el pueblo de San Isidro de El General. Un agrimensor sueco midió la tierra con un teodolito: Don Chico había estimado setenta hectáreas, pero el levantamiento reveló solo cincuenta y tres. El precio fue de cinco mil colones, casi un tercio del capital que Skutch había acumulado durante años de recolección botánica.
Llamó a la finca Los Cusingos, por el tucancillo piquianaranjado que anidaba en la propiedad. Cusingo era el nombre local del ave, un pequeño tucán con un pico de color anaranjado, rojo y negro. Un año después amplió la propiedad a setenta y siete hectáreas comprando una finca vecina. Viviría allí durante los sesenta y tres años restantes de su vida.
En 1950, Skutch se casó con Pamela Lankester, hija de Charles H. Lankester, un agricultor cafetalero, botánico y entusiasta de las orquídeas nacido en Inglaterra, cuyos jardines privados en Cartago se convertirían en el Jardín Botánico Lankester, uno de los centros de investigación botánica más importantes de Costa Rica. Pamela era dieciséis años menor que Alexander. Adoptaron a un joven local llamado Edwin. Pamela mejoró significativamente los jardines de Los Cusingos y compartía el compromiso de Alexander con la finca, aunque trajo modificaciones prácticas que él quizás nunca habría buscado por su cuenta.
La casa que Skutch construyó no tenía electricidad, ni teléfono, ni agua corriente. El agua venía del arroyo más cercano. Mantenía correspondencia con científicos de todo el mundo usando una máquina de escribir mecánica, pero no había entrega postal en Los Cusingos; un retraso de dos meses entre carta y respuesta era habitual. No tenía automóvil. La electricidad no se instaló hasta mediados de los años noventa, cuando el deterioro de la salud de Pamela lo hizo necesario, y compraron su primer refrigerador. Para entonces él tenía noventa años.
Su rutina diaria estaba gobernada por las aves. Salía temprano cada mañana con un escondite de observación tipo carpa, se posicionaba cerca de un nido activo y pasaba horas registrando notas de campo detalladas. Por la noche transcribía sus observaciones en prosa formal en la máquina de escribir. Mantuvo dos series de cuadernos a lo largo de su vida: Notas de campo para sus observaciones ornitológicas, y Pensamientos para reflexiones filosóficas. La finca y el trabajo eran inseparables. Los Cusingos era tanto laboratorio como hogar, y a lo largo de las décadas se registraron más de trescientas especies de aves en la propiedad, más de doscientas de las cuales Skutch describió en detalle.
Treinta años junto al nido
La producción científica de Skutch desde Los Cusingos fue impresionante. Los tres volúmenes de Life Histories of Central American Birds, publicados en la serie Pacific Coast Avifauna de la Cooper Ornithological Society en 1954, 1960 y 1969, sumaron más de 1.600 páginas y fueron ilustrados por Don R. Eckelberry. Un volumen complementario, Life Histories of Central American Highland Birds, apareció en 1967. Su obituarista en The Auk observó que estos volúmenes "por sí solos constituirían una impresionante obra de toda una vida". Gran parte de lo que se sabe sobre las vidas de unas trescientas especies de aves neotropicales proviene del trabajo de Skutch en estos volúmenes y en sus aproximadamente doscientos artículos científicos.
En 1949, publicó un artículo en The Ibis con una pregunta como título: "Do Tropical Birds Rear as Many Young as They Can Nourish?" ("¿Crían las aves tropicales tantos polluelos como pueden alimentar?"). Su respuesta proponía que la depredación de nidos, más que la disponibilidad de alimento, restringe la tasa a la que las aves progenitoras pueden llevar comida a sus crías. Cada visita al nido corre el riesgo de atraer a un depredador, por lo que las especies en ambientes con alta depredación desarrollan tasas de alimentación más bajas y nidadas más pequeñas. Esta idea, conocida hoy como la "hipótesis de Skutch", se convirtió en un marco importante en la investigación sobre historias de vida de las aves. Un estudio reciente sobre una comunidad de aves tropicales de montaña encontró que los patrones que Skutch predijo décadas antes seguían vigentes.
Su método era único entre los ornitólogos de su talla. Nunca trabajó para un museo, una universidad ni una agencia gubernamental. No tenía equipo de laboratorio más allá de binoculares y cuadernos. Le desagradaba la estadística y evitaba el análisis cuantitativo, prefiriendo una prosa ricamente descriptiva. Su característica más destacada como científico fue descrita en su obituario en The Auk como "una capacidad para una observación increíblemente persistente, paciente y cuidadosa, hecha con simpatía y respeto por sus sujetos. Reportaba sus observaciones con distanciamiento y objetividad, y en sus escritos generalmente queda claro dónde termina la observación y comienza la interpretación". Reconocía aves individuales por sutiles variaciones de plumaje y seguía sus vidas a lo largo de las estaciones, a veces durante años.
A menudo reprendía a sus colegas por "amar la ornitología demasiado y a las aves no lo suficiente". La frase capturaba una tensión esencial en su relación con el establishment científico. La comunidad lo honró: la American Ornithologists' Union le otorgó la Medalla Brewster en 1950, su más alto reconocimiento en investigación, y lo eligió Miembro Honorario en 1979. Recibió el Premio Arthur A. Allen del Laboratorio de Ornitología de Cornell, y el Premio Nacional Aquileo J. Echeverría de Costa Rica por su libro de 1977 Aves de Costa Rica, el primer libro publicado en Costa Rica, en español, sobre las aves del país para un público general. Jim Bonner del Aviario Nacional de Pittsburgh lo llamó "uno de los hombres desconocidos más famosos" de la ciencia.
Quizás el producto más perdurable de su carrera posterior fue A Guide to the Birds of Costa Rica, publicado en 1989 tras una colaboración de diecisiete años con F. Gary Stiles, entonces profesor en la Universidad de Costa Rica. La guía, ilustrada por Dana Gardner con cincuenta y dos láminas a color que cubrían prácticamente todas las especies de aves costarricenses, se convirtió en el texto fundamental para la observación de aves en el país y desempeñó un papel significativo en la consolidación de Costa Rica como destino de ecoturismo de primer nivel. Una edición en español apareció en 1995, publicada por el INBio. En 1997, en la septuagésima quinta reunión de la Association of Field Ornithologists en San José, Skutch presentó personalmente la primera medalla que llevaba su nombre a Stiles.
Una vehemencia sorprendente
Skutch era más que un ornitólogo. Escribió cuatro libros de filosofía, tres autobiografías y casi cincuenta artículos filosóficos. Su concepto central era la "armonización", la idea de que el universo está gobernado por un principio de armonía, con la evolución organizando todos los elementos de la existencia hacia la integración. Aunque se declaraba ateo, llamaba "divino" a este proceso de armonización. Argumentaba que la apreciación de la belleza y la armonía en la naturaleza constituye una actitud fundamentalmente religiosa, y que lo que él llamaba "el núcleo dorado de la religión" era el cuidado devoto: por uno mismo, por los vecinos, por el mundo natural.
Su filosofía era inseparable de su vida diaria. Su vegetarianismo, adoptado de Shelley y de los principios jainistas de ahimsa, era absoluto. Cultivaba lo que comía (maíz, yuca, arroz, frijoles, café, caña de azúcar), no usaba cuero y no mataba animales para alimentarse. Veía su método de observación como una elección tanto ética como científica: se podía aprender más observando a un ave vivir que sosteniendo su cadáver.
Y sin embargo, estaba el asunto de las serpientes. Skutch mataba serpientes en su propiedad cuando amenazaban a las aves que anidaban, y lo hacía, según registró su obituario en The Auk, "con una vehemencia sorprendente de ver en alguien tan gentil con la mayoría de los animales". También le desagradaban las rapaces que comían aves y alentaba a los halcones guaco, cuya dieta consistía casi exclusivamente en serpientes, a cazar en sus tierras. Sus colegas naturalistas notaban la paradoja: un hombre que defendía la no violencia y se negaba a manipular un ave para no causarle angustia, mataba una serpiente sin vacilar para proteger un nido. El propio Skutch nunca resolvió del todo la contradicción. Su concepto de "biocompatibilidad" valoraba la asociación armoniosa de especies diversas por encima de la mera biodiversidad, y condenaba la depredación como "el mayor mal de la vida", una posición que lo ponía en desacuerdo con el pensamiento ecológico dominante.
Su relación con la comunidad rural alrededor de Los Cusingos era igualmente compleja. Vivió durante décadas entre familias campesinas del Valle de El General, dio conferencias ocasionalmente en escuelas locales y recibía cordialmente a los visitantes en su porche con vista a los comederos de aves. Los Cusingos se convirtió en un destino para científicos y naturalistas que habían leído sus libros, lo que un escritor llamó una "meca". Sin embargo, encontraba difícil mantener relaciones sociales sostenidas con sus vecinos. Se sentía más cómodo entre pares intelectuales, y la distancia social entre el filósofo-naturalista y las familias campesinas a su alrededor permaneció amplia. Su influencia llegaba a través de su obra publicada, a través de los más de cuarenta libros y centenares de artículos que moldearon la manera en que generaciones de investigadores comprendieron la vida de las aves tropicales.
Pamela murió el 29 de junio de 2001. Alexander Skutch murió el 12 de mayo de 2004 en Los Cusingos, ocho días antes de cumplir cien años. Había vivido en la finca durante sesenta y tres años. Aparecieron obituarios en el New York Times, el Boston Globe, el Los Angeles Times y el Irish Times, que informó que los expertos decían que su legado para la ornitología "solo era igualado por el del legendario John James Audubon". La NPR transmitió un homenaje. Tanto Pamela como Alexander están enterrados detrás de la casa en Los Cusingos, en tumbas sencillas y sin nombre en la propiedad donde pasó la mayor parte de un siglo observando aves.
En 1993, Skutch había vendido Los Cusingos al Centro Científico Tropical, la organización conservacionista costarricense a la que se había unido en 1964, confiando en que protegería la propiedad después de su muerte. La finca es ahora el Refugio de Aves Dr. Alexander Skutch "Los Cusingos", un santuario de aves abierto a los visitantes, con senderos mantenidos, la casa preservada y petroglifos precolombinos a lo largo del arroyo. En 2006, el Corredor Biológico Alexander Skutch fue establecido por decreto ejecutivo, conectando las setenta y siete hectáreas del santuario en tierras bajas con la Reserva Biológica Las Nubes en las tierras altas a lo largo de la cuenca del río Peñas Blancas. El corredor cubre más de seis mil hectáreas y se conecta con el Parque Nacional Chirripó, alcanzando el pico más alto de Costa Rica. Lleva el nombre de un hombre que pasó su vida sentado, quieto, observando y escribiendo lo que veía.
Después de la reunión de 1997 en San José, donde presentó la primera medalla que llevaba su nombre, Skutch cambió sus planes testamentarios. Había planeado dejar sus fondos al Museo Americano de Historia Natural, en agradecimiento por la beca del Fondo Chapman que lo había enviado a estudiar quetzales décadas antes. En su lugar, estableció el Fondo Pamela y Alexander F. Skutch a través de la Association of Field Ornithologists, otorgando becas para "estudios de historia de vida de aves neotropicales poco conocidas, especialmente su biología reproductiva y comportamiento, con mínima perturbación". Los criterios para la medalla que lleva su nombre especifican el estímulo y la mentoría de estudiantes, particularmente latinoamericanos. Nuevas generaciones de investigadores, trabajando en la tradición que Skutch fundó, continúan llenando las páginas que él encontró en blanco.
Recursos y lecturas adicionales
Libros de Alexander Skutch
La autobiografía de Skutch, trazando su camino desde su infancia en Baltimore a través de la investigación bananera en Panamá hasta la ornitología independiente en Centroamérica. El título se refiere a lo que él llamó las dos voces imperativas: la religión y la naturaleza.
La vida en Los Cusingos: los ritmos diarios de la finca, las aves y plantas que la compartían, y la filosofía de vivir sencillamente en un paisaje tropical.
La guía de campo de referencia de las más de 830 especies de aves de Costa Rica, con 52 láminas a color de Dana Gardner. Stiles contribuyó sistemática y distribución; Skutch contribuyó un conocimiento inigualado de biología reproductiva y comportamiento. Una edición en español fue publicada por el INBio en 1995.
El tratamiento en formato de libro del fenómeno que Skutch nombró en 1935. Describe el comportamiento de cría cooperativa en más de cincuenta familias de aves a nivel mundial.
Libros sobre Alexander Skutch
Un estudio biográfico centrado en los escritos filosóficos de Skutch y sus intentos de reconciliar su amor por la naturaleza con su condena de la depredación.
Una biografía en español publicada el año de la muerte de Skutch, basada en entrevistas y correspondencia.
Artículos Clave
El obituario definitivo escrito por el colaborador de Skutch en la guía de aves de Costa Rica. Fuente de la caracterización de la producción de Skutch como "el mayor acervo de información de historia natural jamás recopilado por un solo observador."
Un perfil académico costarricense integral que cubre la vida temprana de Skutch, su crianza judía, la adopción de ahimsa, su carrera botánica y su evolución filosófica.
El artículo que acuñó el término para la cría cooperativa en aves, basado en observaciones de urraca parda en Costa Rica.
El artículo que propuso la depredación de nidos, y no la disponibilidad de alimento, como la restricción principal del tamaño de nidada en aves tropicales. Hoy conocida como la "hipótesis de Skutch."
Cómo tres ornitólogos de mediados de siglo sentaron las bases para la investigación de historias de vida de las aves. Lack enfatizó la disponibilidad de alimento; Skutch enfatizó el riesgo de depredación de nidos.
Obituario que compara el legado de Skutch con el de Audubon y lo describe como "uno de los hombres desconocidos más famosos" de la ciencia.
Organizaciones
La finca de 77 hectáreas de Skutch, ahora un refugio de aves operado por el Centro Científico Tropical. Más de 300 especies de aves registradas en la propiedad.
La página biográfica de la AFO sobre Skutch, la Medalla Skutch para investigación sobre historias de vida de aves neotropicales poco conocidas, y el Fondo Pamela y Alexander F. Skutch para becas estudiantiles.
El EcoCampus Las Nubes de la Universidad de York gestiona investigación y conservación en el corredor, establecido por decreto ejecutivo en 2006, que cubre más de 6,000 hectáreas conectando Los Cusingos con el Parque Nacional Chirripó.
La organización de conservación costarricense a la que Skutch se unió en 1964 y a la que vendió Los Cusingos en 1993.
Perfiles Relacionados
Cofundador del Centro Científico Tropical y creador del sistema de zonas de vida de Holdridge. Skutch se unió a la organización que Holdridge ayudó a construir.
Cofundador del Centro Científico Tropical que mapeó las zonas de vida de Costa Rica y ayudó a establecer el marco institucional para la conservación en el país.
Pionero de la conservación costarricense, ex director general de la UICN y colega de Skutch en el Centro Científico Tropical.
Académico
Cada publicación desde 1926 hasta los años 2000: aproximadamente 200 artículos científicos y más de 40 libros sobre ornitología, filosofía y autobiografía.
Un estudio de caso de 15 años del Corredor Biológico Alexander Skutch, examinando cómo la comunidad alrededor de Los Cusingos se organizó para conectar la finca con el Parque Nacional Chirripó.
Becas de la AFO para estudios de historias de vida de aves neotropicales poco conocidas, con prioridad para investigadores latinoamericanos.